Taller Francisco Limón

"Los talleres son como las personalidades de quienes los llevan. Hay algunos que son muy serios, y hay otros que son lo contrario. Cada uno tiene su factura, es una especie de marca. En mi caso, esa huella se imprime en la amistad." Francisco Limón







El taller

Taller de gráfica Francisco Limón (1965)
Pintor y grabador

Artista del estado de México, ha trabajado pintura y grabado principalmente con el taller Contrepoit (antiguo taller 17 de Stanley W. Hayter), con el grabador danés Rorben Bo Halbirk y con el taller de litografía Clot, Bramsem & Georges, en París.
Ha impartido numerosos talleres de grabado en México, Europa y Asia, también ha dado conferencias sobre grabado, principalmente en la Sorbone Nouvelle , París VII; fue artista invitado por la universidad de Silapakorn, en Bangkok, Tailandia en donde radicó dos años y medio y comenzó el proyecto de talleres en Laos; desde el 2006 radica en Oaxaca en donde imparte cursos de grabado y ha cofundado desde entonces cuatro talleres: junto con Demián flores el taller grafica actual (taga), el taller “La huella grafica” con Alejandro Santiago, el taller-galería de “Esteban Chapital” y actualmente tiene su taller de manera independiente en el que se edita obra gráfica de artistas contemporáneos.
Así mismo se ha dedicado a realizar pintura y escultura en bronce, su obra ha sido expuesta en diversos países como Argentina, Uruguay, Dinamarca, España, Francia, Laos, Alemania, Japón, México, Perú, Estados Unidos y Tailandia.

Taller Francisco Limón

Taller Francisco Limón

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Taller Francisco Limón

Taller Francisco Limón

Francisco Limón
La Aventura de una vida

El grabado con la múltiples técnicas que pone en juego, los diferentes soportes que utiliza – Que se trate de madera, , de cobre o de linóleo, por citar algunas- no es solamente aprendizaje (paciente)  de toda una vida sino también una aventura fructífera. La exigencia del saber hacer sin falla una maestría gestual precisa participando en la realización de una obra que a la vez es individual (la creación del artista) y colectiva (su ejecución), en efecto las diversas etapas se inscriben en un recorrido de operaciones sucesivas y compartidas por los diferentes actores del proceso. Es ahí donde el acierto y las vacilaciones, las dudas y las sorpresas, las decisiones improvisadas con rapidez son los garantes del suceso en esta aventura. El tiempo es un maestro del juego sin piedad  porque él determina, con el dibujo, el entintado o el color, el resultado final.
Los azares de tal empresa nunca desanimaron a un artista como Francisco Limón, abierto a todos los desafíos técnicos y estéticos.
Los años franceses de Francisco son capitales, su pasaje en dos de los mas importantes talleres parisinos, sin duda contribuyeron a forjar la calidad permanente de una actividad que persigue con pasión desde hace mas de veinte años: el taller 17 de S. W. Hayter (en donde trabajaron entre 1927 y 1965, Calder, Rotthko, Picasso, Dalí, Giacometti y Matta) así como el Taller Clot, Bramsen & Georges (Creado hace mas de cien años  y dirigido actualmente por el hijo de uno de los fundadores, Christian Bramsen, fue el pasaje casi obligado de numerosos artistas de América Latina –como Antonio Seguí- y de México  como Francisco Toledo, Alberto Gironella o Guillermo Arizta, y de otros, trátese de Alechinsky o de Antonio Saura).
Su instalación en Oaxaca no se trata verdaderamente de un azar. Semillero de artistas, la ciudad cuenta con numerosos talleres en la práctica del grabado que ha acompañado la obra pictórica de grandes figuras artísticas de la región desde hace casi un siglo; como Rufino Tamayo, por quien la mixografía abrió nuevas expectativas formales, así como Francisco Toledo, magnífico inventor de imágenes y de innovaciones técnicas; la tradición perdura con la generación joven de SMEK (Javier Santos), Guillermo Olguín, Ricardo Pinto o Fernando Aceves Humana. En efecto, México perpetual y cultivado con talentos plurales y prolijos de las múltiples facetas de la estampa desde que el padre de todos los grabadores, José Guadalupe Posada abriera el camino a una nueva expresión, liberado de la sujeción académica, anticipando algunos años de la verdadera liberación que vendría con la escuela figurativa mexicana salida de la Revolución y la creación del Taller de la Gráfica Popular en 1937.
Fortalecido de su experiencia francesa y enriquecido por las relaciones internacionales que anudó al otro lado del Atlántico, Francisco Limón decidió abrir su propio taller en Oaxaca ya que éste podría devenir a un punto suplementario de intercambios artísticos y de conocimientos entre Europa y México, de igual manera ampliar la práctica de la estampa a un numero más grande de artistas, gracias al vasto trabajo pedagógico, y así intercambiar miradas, experiencias y prácticas con el fin de alimentar una tradición mexicana donde las horas de gloria están en constante renovación

Christine Frérot

A manera de introducción


Francisco Limón y su heterodoxo taller de grabado
Aún antes de que Francisco Limón montara un taller de grabado en Oaxaca, ya tenía uno funcionando en su imaginación, con su actitud y volátiles recursos financieros prácticamente en cualquier sitio donde ha vivido. Lo conocí en París allá por el año de 1999 en una época dura donde ni él ni yo teníamos plenamente oficio ni beneficio, al menos en lo que concierne al reconocimiento público de él como artista- grabador, y en mi caso, como escritor. Vivíamos dentro de la escala infinita de grises y gente atribulada que caracteriza a la ciudad que habitábamos. París resultó el lugar idóneo para descubrir el complejo, muchas veces atormentado pero generoso universo de Francisco, rodeado de artistas tan locuaces como él mismo, entrañables todos y de los que no me cansé de aprender de su peculiar visión del arte y la vida.
Aunque es oriundo del Estado de México, Francisco ha vivido buena parte de su vida en otros países, y desde hace unos años, en Oaxaca. Es un hombre de mundo con arraigo en una ciudad de intenso colorido, y eso lo ha hecho un grabador-impresor tan peculiar. De cualquier modo, al momento de conocerlo, Francisco ya tenía una amplia experiencia como expatriado y había logrado relacionarse con artistas e impresores importantes de París; entre una copa de vino y otra, un guiso preparado por él, en noches interminables y repetidas con frecuencia durante mi estancia de casi cuatro años en Place D´Italie, Limón me contaba su sueño de montar un taller propio donde pudiera congregar a sus amigos. Particularmente recuerdo al grabador y pornógrafo noruego Sverre Bojorn-Niensen, con quien pasamos largas noches bebiendo y charlando en francés trompicado, áspero, estridente como el sonido de una sierra eléctrica, que en el caso de Severre estaba lleno de expresiones inventadas por él mismo mezcla de noruego y un desprecio gutural, lleno de gruñidos, hacia la humanidad. Los temas no podían ser más descabellados para sujetos que se sentían cómodos como desterrados. Sin embargo, el margen de tolerancia y agudeza mental que compartí durante esas acaloradas tertulias, difícilmente los he vuelto a encontrar en otros países donde he vivido. Gracias a Francisco y sus caravanas de francachelas en otros talleres de grabado y en los domicilios de nuestros amigos, pude ir más allá de ese tono gris de la vida que evoca todo un mundo de ideas en el francés promedio, para encontrarme con un París bohemio y cada vez más entrañable con el paso de los años.

Taller Francisco Limón

Taller Francisco Limón

Taller Francisco Limón

Taller Francisco Limón


Francisco nunca ha dejado de aprender de sus maestros ni de enseñar a quien se acerca a su taller. No sé hasta que punto estoy calificado para hablar de la obra de Francisco y de su fama de impresor bien reconocida a nivel internacional. No soy un experto en el tema, pero algo me dice que está haciendo algo importante, intenso. El hecho es que con el paso del tiempo se ha vuelto un referente indispensable en el medio y eso me hace sentir orgulloso no sólo de ser su amigo, sino de conocer al impresor empapado de su oficio desde todos su ángulos.
De algún modo he acompañado la trayectoria vivencial y artística del Francisco Limón y me llena de alegría los paso enormes que ha dado para sobreponerse a sus miedos. Tengo en casa un grabado suyo a color que tituló Hecho en México. Es una escena de un pleito callejero entre dos sujetos presumiblemente borrachos, uno de ellos somete al otro ya en el suelo ayudándose de un puñal. Sin que signifique para nada lo que ha sido nuestra amistad a lo largo de los años, este grabado engalana una pared de mi estudio en Bucareli, en el DF; pero sobre todo me dice mucho de los senderos por los que Francisco y yo hemos transitado para encontrar una voz propia como artistas y una razón de ser a nuestras vidas, ríspidas y a veces, a pesar nuestro, marcadas muy de cerca por la tragicomedia mexicana. Como el mismo Francisco ha expresado en entrevistas y conversaciones diversas, una de sus fuertes cualidades podría ser el accidente (esto yo lo ampliaría a la vida misma, incluso la deriva como norma). Francisco apuesta por el asar y le apasiona combinar ácidos y aguafuertes, en seco, litografía, aguatinta y serigrafía, lo cual incluye en ocasiones golpes sobre las placas de impresión con cualquier herramienta a la mano. A todo esto se añaden dosis generosas de vino tinto y desde que reside en Oaxaca con su amorosa compañera Loló, mezcal. Los resultados son tan impredecibles como el proceso.
A mí no me extraña que Francisco trabaje así, lo celebro. Sólo bajo esas circunstancias se puede dar esa fusión acertada entre contemporaneidad, tradición y alquimia que todo proceso artístico lleva consigo desde su gestación.
El taller de Francisco Limón invita a vivir una experiencia donde la diosa Fortuna y la camaradería están al servicio de la irresponsabilidad creativa, es un lugar de exposiciones y gestación de proyectos entre personajes singulares y heterodoxos. En una atmósfera como esa sólo los artistas de sensibilidad impredecible pueden ir más allá de sus propios límites.


J. M. Servín


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Francisco Limón

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